Firmeza y adaptabilidad, colchón duro o colchón-blando

Firmeza y adaptabilidad sensaciones subjetivas importantes para elegir un colchón. Te damos las claves para que no te confundas.

A priori parece que por definición a todos nos queda claro el significado de estos dos adjetivos, no obstante, lo que no parece quedar del todo claro es la relación que existe entre ellos cuando se utilizan para explicar una sensación. En ocasiones, estas dos palabras  y la forma de de relacionarse en un colchón se traducirán en “colchón duro o colchón blando” (simplificándolo mucho, eso sí).

Podemos definir la firmeza con algunos sinónimos como: fortaleza, dureza, robustez, solidez, densidad, resistencia , etc… asimismo, podemos definir la adaptabilidad como la capacidad para acomodarse o amoldarse a algo. Ahora bien, si afirmamos que un colchón posee una “firmeza alta y una baja adaptabilidad” o que un colchón tiene una “firmeza baja y adaptabilidad media”, la cosa se complica.

Nuestra experiencia nos ha demostrado que muchos clientes que tienen la posibilidad de probar el colchón y darnos su opinión, acaban confundidos cuando se mezclan estos dos conceptos.

Desde nuestra experiencia, siempre tratamos de orientar al cliente en función de sus gustos, preferencias, anatomía, forma de dormir, etc, pero sobre todo,  nos dedicamos a  atender y escuchar las sensaciones que nos proporcionan y nos trasladan nuestros clientes con independencia de los adjetivos que utilicen, a fin de ofrecerles aquello que responda a sus necesidades.

No es raro escuchar a un cliente que prueba un colchón firme  calificarlo  de “blando” porque percibe la sensación de adaptabilidad y de sensación envolvente  gracias a sus varios centímetros de  viscoelástica que se encuentra en la capa superior. Tampoco es de extrañar escuchar que un colchón es “duro” a quien prueba un colchón de firmeza media pero que carece de viscoelástica  o tiene menos centímetros de la misma.

Efectivamente cuando se habla de firmeza, se habla de la fortaleza, solidez o densidad, y precisamente estas características nos la va a proporcionar el núcleo del colchón. Una buena forma de medirlo es tumbándonos y observar que el cuerpo no se hunde en ninguna parte del mismo, especialmente en caderas y hombros, si esto ocurre es signo de baja firmeza.  El núcleo debe tener densidad y robustez para soportar el peso del durmiente, y a mayor peso o masa corporal del usuario, más firme y robusto debe ser, siempre y cuando no se sufran de dolencias músculo-esqueléticas.

La premisa básica es que tenga una buena calidad y que nos mantenga nuestra espalda recta y respete nuestras curvas naturales.

Por otro lado, la adaptabilidad nos la proporciona las capas superiores del colchón, la acogida. Y dependerá de los materiales y de la cantidad de centímetros que tenga en su composición , que notemos una sensación más o menos mullida. La viscoelástica es un material muy adaptable y absorvente, especialmente si lleva muchos centímetros.  Elegir esto va a depender principalmente de gustos. Hay quien busca suavidad y sensación envolvente para evitar presiones, y hay a quien no le gusta. Literalmente hemos escuchado más de una vez frases como: – no quiero un colchón que me “atrape”-

El truco está en elegir una buena combinación de adaptabilidad y firmeza que se ajuste a tus necesidades, gustos, anatomía, estado de salud y condición física. La firmeza de un colchón y la adaptabilidad son elecciones totalmente personales, un colchón no es mejor por ser más firme, o al contrario. No existe el mejor colchón. Existe el colchón que es mejor para ti.